Agenda Viva. Primavera 2007
Al descubierto

La sabia ecología del nacimiento

Nacer, vivir y morir, tres movimientos del canto de un alma en esta existencia. Venimos de una nada que apenas se puede nombrar, de una metafísica a una física que se gesta en lo oculto de un vientre materno. Tras nueve meses de milagro alquímico, la naturaleza abre una puerta. Un nuevo ser, único, llega a la existencia. Nuestro primer acto sobre la Tierra se ejecuta al ritmo sabio de oxitocinas y endorfinas, notas de una bioquímica primal, mamífera y amorosa. La mujer se ve sumida en un acto sumo de creación; su fisiología dirige cada gesto, cada paso, se contrae y se relaja en una cadencia exacta que ablanda tejidos, que dilata el útero, que descorre velos, puertas de acceso a un encuentro entre madre e hijo. Ambos, unidos en un momento sin tiempo, ejecutan la partitura exacta que la naturaleza gravó en las arcas de su cerebro, en la cámara oculta de su corazón. La mujer sabe parir, el bebe sabe nacer.... Pero nuestra cultura ha caído en un profundo olvido, y ya no sabemos ni nacer, ni vivir, ni morir.

Actualmente, en España, uno de cada cuatro partos son por cesárea, y no porque la mujer no sepa parir, sino porque a fuerza de mamar una cultura desnaturalizada que utiliza el miedo “a lo que puede pasar” como mecanismo de control, ha delegado la responsabilidad de su maternidad en un sistema sanitario que afronta el parto como una enfermedad, que trata a la madre como una paciente sin derechos y al bebe como un ser que no siente ni padece. Una medicina que se ha centrado en conseguir un parto y un nacimiento lo más seguros posibles, pero ignorando todos los aspectos emocionales, psíquicos y espirituales de la madre y de la criatura, que son los que realmente regulan el proceso de un parto.

El abuso de la cesárea, que se ha convertido en “otra manera de nacer”, es sólo el punto más evidente de la excesiva medicalizacion que sufre la maternidad en España. Protocolos sistemáticos aplicados como norma, sin atender si son o no oportunos; aplicación de oxitocina sintética, que aumenta el dolor de las contracciones; episiotomías innecesarias con posibles secuelas de por vida; anestesia epidural para enmendar el dolor creado artificiosamente; separación de la madre y el bebe en el momento crucial de la impronta, del vínculo que decidirá la capacidad futura de ambos para amarse, y por ende de crear una cultura de amor o de desolación ante un primer abandono; y el culmen de la desviación: “césareas a la carta” que convienen a la agenda social del médico de turno y a una madre incapaz de superar el miedo que le han inculcado.

Como madres, es tiempo de exigirle al sistema una revolución. Queremos una nueva cultura de la maternidad. La medicina ha de volver a encontrar su sitio entendiendo qué es un parto, cómo funciona su fisiología, de qué depende que encuentre su ritmo y que el proceso se desarrolle de modo incluso placentero y amable, como describe Frederick Leboyer, uno de los padres del parto sin violencia.

Este reportaje es un acto de recuerdo, una voz más que se suma a las que exigen la revolución del nacimiento. Es la voz de una mujer que quizá algún día quede  embarazada y que ve a su alrededor las consecuencias del olvido, que tiene a dos cuñadas y a varias amigas en período de gestación y quiere decirles, a ellas y a todas las madres, que la cultura de profunda desconexión con Gaia la creamos entre todas cuando permitimos que nos separen de nuestros hijos  nada más nacer, cuando nos perdemos esa primera mirada y nuestros hijos nacen en un mundo tecnologizado, donde lo primero que les toca es una ciencia sin alma que ejerce la guerra preventiva, perdón, quise decir la medicina defensiva.

He preguntado a cuántas personas ha sido posible acerca de la diferencia entre un parto fisiológico o respetado y otro medicalizado, para que cada lector elija si sus circunstancias y su conciencia pueden ejecutar un movimiento hacia un parto sin violencia, donde usted y su bebe sean los protagonistas de una historia de amor y los profesionales no sean más que actores secundarios que entran en escena sólo si es necesario. Es difícil lograrlo, llevamos varias generaciones delegando esa responsabilidad en manos ajenas y hay que desaprender y reconectar con nuestra naturaleza. El sistema es muy hostil a todos estos planteamientos, y no es fácil encontrar hospitales que estén preparados para esta revolución y dispuestos a elaborar algo tan sencillo como un protocolo de atención al parto siguiendo las indicaciones de la OMS, o imitar las prácticas respetuosas y habituales en otros países con el mismo índice de mortalidad y morbilidad perinatal que el nuestro. Pero ya hay muchas asociaciones que dan información de cómo hacerlo, muchos médicos conscientes, abogados que te ayudarán a defender tus derechos, alguna clínica privada en la que podrás sentir la intimidad de un acto que pertenece a la esfera de tu sexualidad y de tu intimidad, comadronas comprometidas que asisten al parto en casa. A todos ellos les hemos interrogado sobre lo que cada lector hubiera  preguntado de haber tenido la ocasión de hacerlo, para convencerle, para apoyarle, para alistar más voces, las mismas voces que hace 20 años cambiaron el sistema en otros países como Reino Unido.

Dos tipos de parto

Y para ello, comenzamos aclarando las diferencias entre los dos tipos de partos, y preguntando sobre esta cuestión al doctor Aitor Cristóbal Blanco, médico y cirujano por la Universidad Complutense de Madrid y especializado en Ginecología y Obstetricia por la Universidad Autónoma de Madrid, que actualmente desarrolla su actividad profesional en la Fundación Jiménez Díaz (Madrid).
 
Dr. Aitor Cristóbal Blanco, ginecólogo

“Las embarazadas que cursan una gestación de forma saludable no precisan del arsenal tecnológico del que actualmente disponemos”

¿Qué piensa de los partos naturales o fisiológicos frente a los partos más medicalizados? ¿Cuándo es recomendable optar por uno u otro?


El parto es un proceso complejo por las distintas vertientes que lo componen; no es sólo un proceso fisiológico más en el cuerpo de la mujer, sino que tiene un componente cultural, sociológico, emocional, económico, legal, es decir, presenta múltiples facetas. En la bibliografía médica oficial e internacional (OMS, ACOG, SEGO) hay descritas, de manera clara, documentada y contrastada, una serie de recomendaciones y prácticas a realizar y otras a evitar en la atención al parto que todos deberíamos seguir para minimizar los problemas maternos y fetales. En esencia, dichas recomendaciones se basan en el hecho de que el parto no es un proceso patológico, sino fisiológico, y que como tal hay que respetar y cuidar. Las embarazadas que cursan una gestación de forma saludable y que no tienen ninguna enfermedad (que son la inmensa mayoría), no precisan del arsenal tecnológico del que disponemos actualmente. Ningún estudio ha demostrado que la tecnología más moderna en control fetal obtenga mejores resultados que la “trompetilla” que han usado las matronas toda la vida.  Lo que debemos conseguir, y con frecuencia es lo más difícil, es un entorno en el que la mujer se encuentre segura, cómoda, tranquila e íntima. Y eso está perfectamente descrito en la bibliografía a la que me refería.


Existen, sin embargo, otros casos (minoritarios) en los que el embarazo se desvía del curso fisiológico y pone en compromiso la seguridad de la madre y/o el feto. Es entonces, y sólo entonces, cuando individualizando cada caso deberemos aplicar esa tecnología moderna con la que, afortunadamente, contamos. Cada acto médico y tecnológico tiene unas indicaciones concretas y bien descritas. Aplicadas fuera del contexto de su indicación, no son sólo ineficaces sino peligrosas. Ello conlleva que una embarazada a la que se aplican unos procedimientos inadecuados pase automáticamente de ser un caso fisiológico y normal a uno patológico y, por tanto, medicalizado.

El parto natural


Vista la diferencia, podemos ahora profundizar en lo que es el parto fisiológico con Isabel Fernández del Castillo, diplomada en medicina tradicional china y escritora especializada en temas de salud y maternidad. Es, además, autora de un libro que no puedo dejar de recomendar, “La revolución del nacimiento”, perfecto para tener una visión completa sobre el tema.

Isabel Fernández del Castillo, diplomada en medicina tradicional

“La visión de la mujer como incapaz de parir se transmite a través de las consultas, los medios de comunicación y los cursillos de preparación al parto”


¿Qué es un parto natural?


Es un parto fisiológico, es decir, dirigido por la fisiología de la mujer. Pero para que eso se produzca tienen que darse unas condiciones determinadas que los hospitales españoles no proporcionan. No obstante, las mujeres preferimos hablar de “parto respetado”. Si hay respeto y se cuidan las condiciones, la mayor parte de las mujeres tendrán un parto natural, y las que necesiten alguna intervención (no más del 10% según la OMS) tendrán las que sean estrictamente necesarias para su caso. Toda intervención innecesaria aumenta el riesgo, así que un parto respetado siempre es más seguro que uno medicalizado.

¿Por qué creen las propias  mujeres y los médicos que la mujer no es capaz de parir sola?

La medicina, como el resto de las ciencias, tiene una fuerte orientación mecanicista y considera al cuerpo más como una máquina que como un organismo autorregulado y con recursos propios. Así se entiende que la asistencia al parto no tenga en cuenta la fisiología de la mujer. De hecho, las intervenciones que se practican están encaminadas a sustituir esa fisiología: la oxitocina sintética sustituye la oxitocina natural; la epidural sustituye las endorfinas de producción propia; la episiotomía y el fórceps tratan de resolver los problemas causados por la postura, etc. La medicina en general y la obstetricia en particular tienen un fuerte componente jerárquico, y dentro de ella la mujer ocupa un papel secundario.  Medicalizando el parto se transfiere el poder y la capacidad de la mujer al profesional. Esa visión de la mujer como incapaz para parir constituye toda una cultura que se transmite a través de las consultas, los medios de comunicación y los cursillos de preparación al parto.

Isabel estaba muy interesada en que este reportaje saliese bien y me recomendó asociaciones y personas claves que nos podían ayudar a entender la importancia de profundizar en este debate. Hablamos de que si queríamos que el hombre respetase la naturaleza que actualmente degrada sólo sería posible si ese hombre nacía de una forma que le permitiese conectar y amar la naturaleza de esa primera madre, metáfora posible de esa otra gran  madre planetaria que nos nutre a todos y símbolo de  una madre cósmica que recrea en el infinito a su Principio.

Nacimiento del bebe y gestación extrauterina

Enrique Lebrero, director del Hospital Acuario


“La parturienta no debe sentirse observada ni manipulada; necesita controlar el espacio físico donde se encuentra y ser dueña del entorno psíquico y emocional”

Enrique Lebrero, licenciado en medicina por la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en Ginecología y Obstetricia, es el director del Hospital-Maternidad Acuario, un centro diferente que desde hace ya muchos años practica el parto natural y el nacimiento sin violencia. Enrique es un hombre comprometido con la difusión y normalización de esta experiencia en la sanidad pública, y a él le pedimos una descripción más detallada del parto, proporcionada por un médico que ha equilibrado su profesión con la sensibilidad necesaria para entender el universo de la maternidad, lo que implica que el sanitario se quede en un discreto y segundo lugar.

¿Cuál es la fisiología real de un parto?

Según los conocimientos actuales, deberíamos hablar de “la ecología del parto”, es decir, el respeto y la potenciación de todos los elementos que confluyen y hacen posible la experiencia fisiológica del parto. El parto y el nacimiento son actos de la esfera sexual, y como tales necesitan intimidad y respeto a los ritmos fisiológicos de la persona, en este caso de la mujer. Estos ritmos están marcados, fundamentalmente, por las propias hormonas: oxitocina, endorfinas, prolactina y adrenalina. La intimidad así entendida necesita de pautas claras y actitudes concretas: la mujer de parto no debe sentirse observada ni manipulada, debe controlar el espacio físico donde se encuentra y ser dueña del entorno psíquico y emocional, debe estar, además, en compañía de unas pocas personas queridas – el marido y tal vez alguna mujer cercana -, que vivan el parto con discreción, hablando poco y sintiendo mucho. El espacio de dilatación y parto ha de realizarse en un ambiente doméstico, cercano, con claros signos de intimidad: poca luz, poco ruido, etc. La mujer de parto ha de tener libertad para deambular y mantener las posturas que le pida el cuerpo, o para expresarse emocionalmente, cantando o llorando Conseguir dicha intimidad es fundamental para que la mujer acceda a un  cambio de estado de conciencia que potencie sus instintos mamíferos.

¿Cuál debería ser el papel del profesional asistente?

La discreción de los profesionales durante el trabajo de parto es básica en la consecución de esta intimidad. En un parto normal, la intervención profesional debe ser mínima y puede realizarse adaptándose a la situación de la mujer, sin demasiada intervención hablada que estimula el neocórtex, dejando trabajar al cerebro medio o cerebro mamífero. Al estimular el cerebro mamífero se consiguen dos objetivos complementarios: la optimización de la respuesta hormonal (oxitocina y otras) y el adormilamiento y la analgesia a través de las endorfinas. El parto manifiesta una peculiaridad sensorial y emocional que sólo las mujeres pueden entender desde su experiencia. El dolor de las contracciones de parto es el único dolor que produce el cuerpo e indica que todo va bien, que la fisiología funciona. Y este dolor es producido por la hormona del amor: la oxitocina.

En el momento de nacer el bebé, debemos esforzarnos por mantener un ambiente favorable que recuerde el paraíso maternal que acaba de abandonar, sin grandes traumas ni sufrimientos físicos inútiles. Viene de la oscuridad, del calor, del tacto continuo, de un cúmulo de sonidos filtrados. Intentemos respetar al máximo estos parámetros con luces indirectas, ambiente caldeado y pocas voces y ruidos. Pero, sobre todo, no separemos al bebé de la madre en ningún momento. Poniéndolo sobre su pecho, el bebé encuentra la incubadora perfecta, y mientras la madre lo masajea, él vuelve a sentir los límites de su cuerpo. Mientras tanto, el cordón umbilical sigue latiendo, oxigenando el cuerpo del bebé y su cerebro, que va recuperándose sin necesidad urgente de respirar y así entra en su propia respiración progresivamente, sin prisa, sin ansiedad, sin angustia de muerte. Y cuando pasados varios minutos el cordón se colapsa y ya es un conducto muerto, siempre sin prisa, se puede cortar. Está comprobada la relación entre la respiración y la vivencia de las emociones. Es fácil de entender la importancia que tiene la primera respiración de la vida con el perfil respiratorio básico. Por tanto, nuestra responsabilidad al atender un nacimiento es muy grande. Tras estos primeros momentos, el nuevo cordón umbilical entre el bebé y su madre va a ser el pecho materno.

¿Cuál debe ser el cambio de actitud de los profesionales ante la fisiología del parto?


Ante un parto fisiológico de una mujer sana, los profesionales debemos recordar que el parto no es una enfermedad, ni un acto médico-quirúrgico. En todo momento nuestra posición debe ser de un discreto segundo plano, transmitiendo seguridad y confianza. Según las necesidades de cada mujer, debemos potenciar su autonomía, evitando imponer nuestra presencia continua. Los profesionales del nacimiento debemos saber manejar situaciones y elementos para potenciar la fisiología del parto. Las prácticas médicas y quirúrgicas han de quedar para la patología de los partos. Los futuros profesionales deberán saber usar el baño caliente en el momento terapéutico adecuado, sabrán sugerir un cambio de postura a la mujer que le favorezca, ayudarán a afrontar a la madre la sensación de soledad y de miedo a la muerte mediante el masaje adecuado, la palabra precisa, acompañando una respiración relajante y transmitiendo confianza en la madre y en el bebé. Estos y muchos otros son los actos terapéuticos imprescindibles para recuperar el sentido del acto de parir y de nacer.

¿Quién no quiere parir así? El problema es que en España no hay muchos Acuarios. El camino es largo, pero, como afirma Enrique, el lugar idóneo también puede ser cualquier clínica privada que apueste por una oferta sanitaria moderna y con futuro.

Nacimientos traumáticos

Ángeles Hinojosa, presidenta de la Plataforma Pro-Derechos del Nacimiento

“La rotura del vínculo madre-hijo es una de las razones de la depresión post- parto y provoca dificultad con la lactancia”

En el camino, sin duda nos será útil apoyar a asociaciones como la Plataforma Pro- Derechos del Nacimiento, que surgió con la intención de vincular a todos los profesionales y personas interesadas en cambiar la forma de nacer y parir. Hablamos con Ángeles Hinojosa, su presidenta, además de reflexóloga y terapeuta psico-corporal. Como especialista en bebés y niños, ella volvió a insistir en las consecuencias nefandas de los partos actuales antes de abordar la estrategia que recomienda para el cambio: “Nacer puede ser una maravillosa a ventura o una vivencia terrorífica. El maltrato en el nacimiento se viene produciendo desde siempre. Es relativamente nuevo el conocimiento de que los bebés gozan, sufren y sienten dentro del claustro materno y durante su nacimiento. Estas memorias de terror que quedan en la mente del bebé producidas por la falta de atención sobre su experiencia se llaman “trauma de nacimiento” Es un tema relativamente nuevo que nos pone ante la disyuntiva de plantearnos la atención al parto/nacimiento desde otro prisma”.

¿De qué manera nos marca un nacimiento traumático?


La naturaleza nos ha provisto de un mecanismo de registro y retención de memoria para el tránsito de parir y nacer. Lo que pasa en esos momentos queda grabado en nuestra mente de una forma imborrable. La primera mirada entre madre e hijo produce una atracción irresistible entre ambos. La misión de este mecanismo es conseguir que la madre se enamore de tal forma de su cría que no la abandone.  Con ello, la naturaleza asegura la conservación de la especie. Cuando a una mujer no la dejan parir con sus hormonas y le arrebatan a su bebé al nacer, le provocan la misma reacción que a cualquier otra hembra a la que separaran de su cría: rechazo hacia la misma. La mayoría de los partos actuales están sembrando el dolor y la desolación a perpetuidad en madres e hijos.

¿Cuáles son las consecuencias?

En la madre, la rotura del vínculo, que es una de las razones de la depresión post- parto, de la dificultad con la lactancia o de las ganas que muchas mujeres tienen de que se les acabe la baja de maternidad para reincorporarse al trabajo porque no aguantan a su bebé. Y en el bebé, si se le separa de su madre nada más nacer, sin que haya tenido tiempo para reencontrarse con ella, pierde toda referencia de lo conocido. El terror y la desolación se instauraran en él. Cuando lo devuelvan a su madre, esas sensaciones ya estarán grabadas en su mente y le acompañarán el resto de su vida cada vez que viva una situación que relacione con una pérdida.

Si en el Reino Unido hace ya 20 años que se dieron cuenta de la necesidad de un cambio en la atención al parto, ¿qué le pasa al sistema español?

En el Reino Unido tampoco fueron los médicos los que decidieron cambiar la forma de actuar. Más bien se vieron obligados a hacerlo porque las mujeres se revolucionaron y empezaron a visitar los hospitales pidiendo tasas de cesáreas, episiotomías, inducciones..., y elaboraron una “guía michelín” de hospitales para orientar a las mujeres en busca del que estuviera más de acuerdo con lo que ellas deseaban. Lo que le pasa a nuestro sistema es que cuesta mucho soltar el poder y asumir responsabilidades. El parto es una cuestión de dominio (posiblemente inconsciente) del hombre sobre la mujer en una cultura donde supuestamente la mujer se ha liberado. En el parto, a la mujer se le arrebata toda toma de decisión y se la somete al sistema “por su propio bien y sobre todo por el de su hijo”. La mayoría de las mujeres no son capaces de asumir un compromiso personal sobre su proceso de gestación, parto y recibimiento de su bebé. No tienen conocimiento del poder de sus cuerpos y dejan todo en manos de los que ellas suponen están entregados a “velar por el bienestar de los dos”. Con este panorama, cambiar las cosas no es fácil aunque tampoco imposible. Somos muchas las personas que llevamos años trabajando para que el cambio se produzca, y el número aumenta a pasos agigantados.
 
Los derechos perdidos de la mujer

Francisca Fernández, fundadora de la Asociación El Parto es Nuestro

“No es legítimo extraer a un bebé con fórceps, lesionando los genitales de la madre, sólo para que los residentes aprendan la técnica”

Otra de las personas que está ayudando a que se produzca ese cambio es Francisca Fernández, licenciada en Derecho, madre de tres hijos y miembro fundador de la Asociación El Parto es Nuestro, en la que he ejercido como presidenta y asesora jurídica. Colabora además con diversas publicaciones en materia de mujer, salud y derecho sanitario.

¿Cuál es el derecho que asiste a la mujer para poder exigir el parto adecuado a sus valores y creencias una vez que se encuentra en el hospital?


La mujer que va a dar a luz tiene derecho a recibir información veraz y completa sobre las intervenciones y procedimientos que se le propongan, y a decidir libremente entre las opciones disponibles. La información abarcará, como mínimo, la finalidad y naturaleza de cada intervención, sus riesgos, consecuencias y alternativas, incluida la de no hacer nada. Ha de pedirse el consentimiento previo e informado de la usuaria para someterla a intervenciones tales como suministro de gotero intravenoso con o sin oxitocina sintética, monitorización interna, rotura de bolsa amniótica, uso de fórceps, episiotomía, anestesia... La parturienta tiene derecho a que se respete su dignidad e intimidad y a ser informada y consentir antes de incluirla en cualquier proyecto docente. Esto quiere decir que no debe permitirse que personal no sanitario o sanitario, pero no adscrito al cuidado estricto de la mujer, entre en la sala de partos, ni que los estudiantes puedan practicarle tactos a las mujeres para aprender; tampoco es legítimo extraer a un bebé con fórceps lesionando los genitales de la madre, sólo para que los residentes aprendan la técnica (“fórceps didácticos” lo llaman).  La mujer no es un objeto, es un sujeto. Además, los padres tienen derecho a permanecer junto a sus hijos hospitalizados en todo momento. Los cuidados ordinarios del recién nacido pueden hacerse horas después del nacimiento, cuando madre y bebé han tenido tiempo para estar juntos, y siempre deberían realizarse en la misma habitación en la que está la madre, preferiblemente sobre su pecho.

En cuanto a los niños ingresados en unidades de cuidados intensivos, las restricciones en el contacto físico con su familia les provocan sufrimiento emocional e influyen negativamente en su evolución clínica.  La OMS recomienda que todos los recién nacidos, sean prematuros o no, permanezcan en contacto piel con piel (método madre-canguro) con sus madres. Además, la Carta Europea de Derechos de los Niños Hospitalizados, de 1986, reconoce que “todos los niños tienen derecho a estar acompañados de sus padres o de la persona que los sustituya el máximo de tiempo posible durante su permanencia en el hospital, no como espectadores pasivos sino como elementos activos de la vida hospitalaria”. Sin embargo, en España hay poquísimos hospitales en los que se aplique el método madre-canguro, y mientras que en todas las UCI de Gran Bretaña, Luxemburgo o Suecia se permite el acceso libre de los padres, en España sólo lo hace el 11%.

Parir en casa

Grupo Génesis, miembro de la Asociación Nacer en Casa


“Con un cuidado prenatal adecuado y una asistencia cualificada, parir en casa es tan seguro como hacerlo en un hospital”

Ante la perspectiva de luchar contra un sistema que por desgracia tardará años en cambiar, otra opción es la de parir en casa, como se hace en Holanda. ¿Estamos preparadas? Para informarme llamé al Grupo Génesis, formado por cuatro matronas y una médico naturista, que funciona desde 1981 y forma parte de la Asociación Nacer en Casa y de la Plataforma Pro-Derechos del Nacimiento, además de trabajar también en la Sanidad Pública. El año pasado acompañaron 32 partos-nacimientos, de los que tres fueron traslados al hospital, dos por falta de contracciones intensas que hicieran evolucionar normalmente el parto (terminaron en parto vaginal)  y uno por sospecha de desproporción entre el bebé y la pelvis materna (requirió cesárea).

¿Están las matronas en España preparadas para ayudar a parir en casa?

Poseemos una titulación oficial que nos capacita y autoriza para la asistencia a la mujer en el embarazo, parto normal y puerperio. En Europa, la asistencia al nacimiento posibilita tener al bebé en el propio domicilio. La OMS recoge como beneficioso el parto en casa. Incluso uno de los criterios de estos países es el económico. Hoy día la actitud de los asociados de Nacer en Casa es de tranquilidad a la hora de ejercer nuestra profesión, porque tenemos la seguridad de que hacemos lo correcto. La profesión ha sufrido la transformación propia de los tiempos tecnológicos que vivimos. Es cierto que se ha perdido “el arte de partear”, e incluso muchos han perdido la confianza en la sabiduría del cuerpo de la mujer-madre, pero siempre habrá personas que acompañen a la madre porque está demostrado científicamente que es lo único que de verdad ayuda en el proceso. Ahora se llaman doulas, pero es una función de la matrona o comadrona.

Como comadronas, acompañamos a las mujeres en lo referente a su vida reproductiva de manera integral. Por tanto, si algunas mujeres desean que el nacimiento de sus hijos sea diferente al oficial (hospitalario), acompañamos sus reivindicaciones en los organismos competentes y no dejamos de formarnos para ofrecer una profesionalidad adecuada a sus necesidades y deseos. Creemos  que se necesitaría multiplicar por tres o cuatro el número de matronas para que la organización de los cuidados en la maternidad corriera a cargo de profesionales independientes o de pequeños grupos de profesionales que, desde el primer momento de la gestación, conocieran a la mujer y siguieran todo el proceso.
 
¿Cuáles son las ventajas y desventajas del parto en casa frente al hospitalario?

Las estadísticas demuestran que, con un cuidado prenatal adecuado y una asistencia cualificada, el parto en casa es tanto o más seguro que en el hospital y la mujer corre un bajo riesgo. En casa, la mujer cuenta con la intimidad y la comodidad del entorno familiar, está rodeada de sus seres más queridos, en la posición que ella elija y con la ropa que considere más cómoda. Sus necesidades son lo más importante; nada se hace sin su consentimiento. Los estudios demuestran que los riesgos de infecciones, tanto para la madre como para el bebé, son menores. La mujer puede hacer lo que desee: caminar, ducharse, tomar un baño, comer, beber, etc. El equipo de profesionales está dispuesto y localizado para ir a la casa en cualquier momento. Tanto la madre como el bebé tienen asegurada la continua asistencia por parte de la matrona, así como el asesoramiento acerca de los cuidados tras el parto. La relación establecida con la comadrona se caracteriza por una gran confianza mutua. Además, la mujer soporta con gran entereza todo el proceso, dejándose llevar por su intuición y experiencia personal de crecimiento como ser humano que está pasando por un poderoso cambio en su vida. Se desarrolla un gran vínculo afectivo entre el bebé y su madre y entre ambos y las personas que han estado cerca durante el nacimiento, y la lactancia se hace más fácil y duradera.

La mujer debe asumir una gran responsabilidad sobre su estado de salud, tanto físico como mental y espiritual, lo que requiere su continua participación en lo que se refiere al cuidado y conocimiento para aceptar las consecuencias de las decisiones tomadas. El hospital es el lugar que socialmente se considera ideal para parir, por lo que la elección de otras opciones puede provocar juicios negativos y falta de apoyo. Las complicaciones que se puedan presentar no se pueden atender en casa e implican un traslado al hospital; además, los seguros no cubren los gastos del parto en casa.

La voz de las madres

Patricia Sanz, miembro de la Asociación El Parto es Nuestro

“Muchas de las prácticas de rutina en los paritorios españoles están contraindicadas o se emplean mal”

Ha llegado el momento de escuchar a las madres. Patricia Sanz es licenciada en Ciencias de la Información y miembro de la Asociación El Parto es Nuestro, formada por usuarios y profesionales que pretende mejorar las condiciones de atención a madres e hijos durante el embarazo, parto y posparto en España, y que nació para prestar apoyo psicológico a mujeres que habían sufrido cesáreas y partos traumáticos. Todas sus acciones reivindican un mayor respeto y protección hacia los derechos de las madres y los niños, la modernización del sistema de atención obstétrica español y la difusión de las recomendaciones de la OMS en la atención al parto.

Patricia tiene dos hijas, cada una nacida de una de las maneras que hemos descrito: “Yo no dudaba de  que el sistema sanitario nos recibiría a mí y a mi primera hija con los mejores medios humanos y técnicos, pero mi hija nació por cesárea tras 12 horas de parto con todo tipo de maltrato y falta de humanidad. Los motivos que me dieron fue que el parto no progresaba. Años después descubrí que no era cierto, y que probablemente aplicaron  a rajatabla un duro protocolo que obliga a cesárea después de 12  horas con la oxitocina clavada en tu cuerpo. Desde el primer minuto fui feliz de tener a mi hija, pero supe que algo había fallado. Regalaba la ropita de mi niña porque creía que nunca podría volver a pasar por aquello. Cuatro años después empecé a buscar y encontré mucha información; finalmente llegué a la Asociación  El Parto es Nuestro. Mi segunda hija nació en un maravilloso parto en la Clínica Acuario. La trajeron al mundo la fuerza de mi naturaleza y la sabiduría de la suya. Desde ese mismo instante en que mi hija estuvo sobre mi pecho ha cambiado mi manera de percibir este mundo. Ahora sé que hay otra  forma de nacer, de parir y de contemplar la vida, y peco de pesada haciéndoselo saber al resto del mundo”.

¿Qué hay que hacer para que en España se revise la atención al parto y podamos pasar de un parto medicalizado a otro más natural?


Existen leyes que protegen el derecho de los usuarios del sistema sanitario a decidir sobre cualquier aspecto de la atención que se les ofrece. Hay que reclamar que la ley se aplique, y eso es lo que estamos haciendo desde la Asociación. Proporcionamos información e instrumentos para que cada mujer en su hospital de referencia solicite las condiciones que desea para su parto y presente las reclamaciones oportunas cuando la atención no ha sido adecuada. Las competencias en materia de sanidad están transferidas a las Comunidades Autónomas, así que son las Consejerías de Sanidad quienes tienen la responsabilidad de hacer que se cumpla la ley.

¿Puede haber repercusiones sociales por parir de una forma tan medicalizada?

Muchos estudios antropológicos han encontrado una correlación entre la interferencia en el vínculo madre-hijo y la génesis de la violencia. Ese vínculo se ha entorpecido siempre, de una forma u otra, en todas las culturas que han sobrevivido (precisamente por su capacidad de agresión). Pero nunca se ha actuado de una forma tan violenta sobre la mujer y sobre el bebé, impidiendo la secreción de las hormonas del amor y del apego en el momento del parto, separándoles físicamente en momentos críticos, o incluso lesionándoles con intervenciones médicas innecesarias. El debate sobre la violencia en los niños y la sociedad en general está en la calle, pero no se está considerando este factor. La relación con los otros, con uno mismo, e incluso con la Tierra está condicionada por esa relación primigenia. Estamos en un momento en el que reflexionar sobre esto es urgente.

Se acabaron las voces. Si lo desean, pueden seguir escuchándolas con más y más argumentos y experiencias en las páginas web de las asociaciones que hemos ido nombrando. Nuestro deseo es que estas semillas de ideas les penetren, fecunden su mente, se hagan fruto en el seno de su voluntad, para que finalmente alumbren la mejor decisión para sus hijos y para su integridad como madres y como mujeres. ¡Feliz parto!.

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