Imagen Agustín Carrillo

Agustín Carrillo

Agenda Viva. Primavera 2008
Convergencia RuNa
Naturaleza

La conservación del oso pardo

En la Cordillera Cantábrica, los primeros trabajos serios de conservación se iniciaron por parte de la asociación no gubernamental FAPAS (Fondo Asturiano para la Protección de los Animales Salvajes) en el año 1.984. La presión de las ONG  creó en la sociedad  un estímulo por la conservación de los osos, llegando incluso a convertirse en símbolo de los valores naturales de una región, y las administraciones  se vieron obligadas a volcarse  en la conservación de un valor natural que la sociedad reclamaba. Desde aquellos años hasta ahora nadie en Asturias considera al oso como un animal dañino o peligroso, se  consiguió acabar con el secular enfrentamiento entre el hombre y el animal salvaje y es ahora cuando el oso  ha comenzado tímidamente un proceso de recuperación.
 
En veinticinco años sólo hemos dado el primer paso, lo que demuestra lo difícil y complejo que resulta restaurar la naturaleza en contra de lo sencillo y rápido  en que se convierte una actuación destructora.  Si miramos al futuro hay varias amenazas a la conservación del oso. La  presencia en Europa de la enfermedad conocida como el mal de las vacas locas ha dado como resultado administrativo la aparición de una reglamentación  comunitaria que obliga a los Estados miembros a proceder  al control de la eliminación de cadáveres de animales domésticos, como medida profiláctica  en la garantía de la sanidad animal.

La ausencia de  un recurso tan importante como la carroña en determinadas épocas del año, principalmente a finales del invierno y primavera, puede ser un condicionante de la supervivencia de los osos nacidos en el año anterior y que están a punto de emanciparse de sus madres. Los trabajos de seguimiento de consumo de carroñas van a permitir crear un modelo  que restituya este alimento en la medida de las necesidades  de la población de osas reproductoras, a la vez que las administraciones deben  reclamar ante la UE las medidas correctoras para que estas circunstancias excepcionales de enfermedades como la encefalopatía, no pongan en grave riesgo la conservación de la fauna silvestre.

Pero aun persistirán graves problemas que evidencian la complejidad de las estructuras ecológicas y lo sensibles que son ante la intervención humana.  Desde hace años se evidencia una pérdida de productividad de fruta en las montañas. Especies como el arándano, son vitales en la dieta alimenticia del oso y el urogallo y  técnicamente sabemos que la productividad de esta planta está directamente vinculada con la capacidad de ser polinizada por las abejas.

¿Cuentos millones de abejas hay menos en la naturaleza, dejando a muchas plantas sin su especializada intervención polinizadora? Es evidente que resulta más sencillo identificar factores de riesgo ecológico como la desaparición de especies de la gran fauna: El oso, el lince, el urogallo. Pero el más grave desequilibrio  de la naturaleza se producirá con la pérdida de pequeños insectos que intervienen decisivamente en las cadenas ecológicas, por mucho que ello nos pase desapercibido.

Pero por si fuera poco esta situación, debemos de añadir también  la profunda modificación que están sufriendo gran parte de los territorios donde el oso habita.  La pérdida de actividad agraria a partir de la entrada de España en la Unión Europea, que ha fomentado el abandono rural, pone en peligro el mantenimiento de un ecosistema agrario donde el oso encontraba también importantes recursos alimenticios. Cultivos y frutales están desapareciendo con la misma rapidez con la que los pueblos se quedan abandonados.

Ahora comienza de verdad el trabajo de conservación ya que tenemos un área  oriental en dificultades poblacionales y genéticas. Además, el objetivo se orienta a conseguir que las dos poblaciones vuelvan a estar unidas. En un horizonte más lejano quedan los Pirineos. Ahora, cuando el oso  ya casi se ha exterminado, vuelve a resurgir el clamor social por devolver su imagen  a esas montañas.  Luego la población cantábrica deberá servir de stock para ”trasladar” hasta allí a los ejemplares que deban de nuevo  recolonizarlas.

Es quizá el nuevo reto de otros veinticinco años de trabajo, pero seguro que también se conseguirá, ya que  cada vez hay  una sociedad más sensible a la necesidad de proteger los recursos naturales,  y el oso, por méritos propios, se ha convertido en todo un símbolo de lucha por  la conservación de la naturaleza.

Autor/es:
Sin votos aún
Diseño y desarrollo Investic con DRUPAL