Agenda Viva. Verano 2006
Entrevistas

Cristina Narbona

“Las fuerzas políticas deben ser dependientes de un enfoque donde se dé prioridad al medioambiente”

Cristina Narbona es más que una Ministra de Medio Ambiente. Su cargo es eminentemente político y su profesionalidad a la hora de ejecutarlo impecable. Hablando con ella, uno se da cuenta de que detrás de la Ministra se esconde una persona con convicciones que lucha con verdadera vocación por la naturaleza y su conservación. Nuestro futuro depende de lo que hagamos hoy y la Ministra lo sabe. Pero los políticos no sólo nos representan, sino que necesitan del apoyo de toda la sociedad a la hora de poder generar cambios trascendentales.

El reto de esgrimir sentido común y sensibilidad en un cargo que entraña una lucha infinita y agotadora contra la corriente del sistema es formidable. Si además entran en juego las inercias negativas y anticuadas dentro de la propia institución que lidera, y la dificultad en dedicar lo necesario a temas aparentemente menores como la biodiversidad, frente a otros más acuciantes como el cumplimiento de Kyoto y el agua, la tarea se torna titánica. A ella se enfrenta la Ministra Narbona, y está por ver si la elocuencia que acompaña su discurso podrá verse reflejada en gestiones y políticas que hagan realidad lo que la naturaleza necesita con carácter de urgencia.

¿Cree honestamente que la política y los vínculos de los políticos con sus partidos son compatibles con la fuerza y la independencia necesarias para luchar por la conservación de la naturaleza? ¿No debería una institución como el Ministerio de Medioambiente ser independiente del Gobierno electo?

Los partidos políticos son organizaciones que tienen unas prioridades en función de su ideología. Los partidos, en concreto los de la izquierda, no han incorporado hasta una fecha reciente y de manera todavía muy incipiente la prioridad ambiental. Esto empieza a suceder en España con un gran retraso respecto de otros partidos socialdemócratas y de izquierdas en el ámbito europeo, en los últimos diez años. He podido ver la dificultad de hacer entender a mi partido que el desarrollo económico y social no sólo es compatible con el medioambiente, sino que si no se integra la variable ambiental no habrá desarrollo económico ni social, y en ese cambio de mentalidad estamos sólo en los inicios. Es muy urgente que no sólo los partidos políticos, sino los sindicatos, las empresas, todos los poderes públicos vayan incorporando ese enfoque, que es totalmente distinto del ‘enfoque light’ sobre el desarrollo sostenible del vamos a hacerlo todo y luego ya le pondremos una pequeña guinda verde. Como esto es ir al corazón de la visión que tienen los seres humanos sobre sus capacidades de desarrollo, tiene la misma fuerza revolucionaria que han tenido otros movimientos sociales a lo largo de la historia. A la izquierda le tocó jugar un papel transformador incorporando los derechos de los trabajadores cuando eso podría parecer hasta incompatible con el crecimiento económico. La segunda gran revolución es la de la mujer, y la tercera la ambiental.

¿Un Ministerio de Medioambiente tiene que ser independiente? No, lo que tiene que ocurrir es que las fuerzas políticas sean dependientes de un enfoque donde se de prioridad al medioambiente. En nuestro compromiso electoral y en la práctica hemos creado un Observatorio independiente del Gobierno para que evalúe cómo se mueve este país en términos de sostenibilidad.

A nivel de divulgación ¿cuáles son los temas que considera más importantes sobre los que tendría que adquirir conciencia la población en general, y sobre los que además puedan ejercer en sus vidas individuales un cambio?

 

Los ciudadanos tienen que estar mucho más informados sobre la relación que existe entre su salud y calidad de vida y la salud y calidad de vida de su entorno. Todavía se tiende a ver la problemática ambiental como algo ajeno y separado de nuestra vida, y ese es el salto que hay que dar, al que ayudan mucho que los medios de comunicación se impliquen. No sólo que es bueno para la vida que nos rodea que pensemos en los derechos de los seres vivos y en los equilibrios de la ecología, sino que pensemos también en sentido contrario: en la medida en que haya un equilibrio ecológico nuestra vida será más saludable y mejor en todos los aspectos. También es muy importante que llegue información a los consumidores para que sus elecciones condicionen positivamente el trabajo de las empresas, y éstas se vean motivadas por el mercado para llevar adelante tecnologías menos contaminantes, productos más duraderos, etc.

La responsabilidad, aunque muchas veces pensemos que el malo de la película es la empresa de petróleo, al final recae en el que compra, en el ciudadano…

Exacto. Frente a este gran desafío todos tenemos una parte de responsabilidad, que puede ser muy recortada en el caso de personas con muy poco nivel de ingresos o de los países del Tercer Mundo, en los que sus ciudadanos tienen una huella ecológica mínima y están incluso fuera de lo que debe ser una vida digna. Pero la responsabilidad de todos en proporción a nuestras capacidades tenemos que entenderla como generalizada, y los poderes públicos somos los que tenemos más responsabilidad porque, y nuestra Constitución lo dice en el artículo 45, debemos velar por mantener la calidad ambiental para permitir el desarrollo correcto de los ciudadanos y disponer, por lo tanto, del ordenamiento jurídico que establezca claramente cuáles son las normas y exigir que se cumplan. Ese es el gran desafío en lo que toca a los poderes públicos. No te puedes figurar la cantidad de denuncias que recibo diariamente de incumplimientos por parte de Administraciones de todos los niveles, desde ordenanzas municipales a las leyes autonómicas y estatales, de ciudadanos que no encuentran una respuesta en las instituciones. El que próximamente exista una nueva ley y que, además, en el curso de este Ministerio se haya creado una Fiscalía Especial de Urbanismo y Medioambiente, son de todo el trabajo hecho de lo que hoy día me siento más satisfecha.

El futuro del sector forestal

Uno de nuestros grandes retos son los incendios y el futuro del sector forestal. ¿Por qué todavía los datos oficiales hablan de que el 51, 93% de la superficie del territorio está cubierto por bosques, sin diferenciar los monocultivos forestales de los bosques autóctonos y las zonas de matorral?

Porque hay una gran inercia en cuanto a considerar el bosque como algo homogéneo en función de su capacidad de producción de madera y de ocupación del suelo, más que en cuanto a la calidad. En los nuevos inventarios forestales nuestro compromiso es aportar mucha más información cualitativa, mientras que en la historia reciente de España ha primado una información cuantitativa. Tenemos que encontrar la máxima colaboración de las Comunidades Autónomas, que son competentes en política forestal, ya que si nosotros no disponemos de esa información podemos tener inventarios nacionales equívocos. La cooperación, la coordinación, el trabajo conjunto con las Comunidades en los temas ambientales es fundamental, porque lo contrario fragmenta nuestro espacio ambiental de responsabilidades. Tengo que reconocer que hay una inercia que tiene también que ver con la falta de consideración del bosque como reserva de biodiversidad, y no sólo como actividad económica o productiva, como ocupación del territorio.

Y hablando de coordinación, en las Estrategias de especies amenazadas el rol que ha asumido el Ministerio de Medioambiente transfiere muchas competencias a las Comunidades Autónomas. Se quejan de falta de coordinación y liderazgo por parte de su Ministerio...

Hay que buscar un equilibrio y exigir que las Comunidades sean coherentes con la responsabilidad que tienen. Ese es un equilibrio que está permanentemente en el límite; cuando damos un paso más intenso en el Ministerio es fácil encontrar una reacción a la defensiva. El ejemplo más interesante en estos dos años ha sido el tratamiento de los incendios forestales. Sólo desde el año pasado este Ministerio conoce qué medios aéreos y terrestres tienen las Comunidades Autónomas para prevenir y luchar contra los incendios forestales. Y ese esfuerzo de conocimiento compartido choca a veces con una actitud de las Comunidades de reservarse esa información, lo que es absurdo. Nos ha costado que el año pasado fuera el más duro en cuanto a tragedias humanas para tener el mapa de espacios forestales de alto riesgo de las Comunidades Autónomas. El pasado año el Gobierno tomó medidas excepcionales para todo el territorio, no por la competencia de materia forestal y de incendios, sino por la competencia de seguridad pública, y eso hizo emerger un mapa de altos riesgos de incendios. Pero esa no es una responsabilidad de este Ministerio, sino de cada Comunidad, que tiene que regular el uso del fuego. Este año de momento no hemos pensado en volver a ejercer esa responsabilidad excepcional sino en promover que las Comunidades la ejerzan, porque el año pasado se vio que cuando se prohíbe el uso del fuego de una manera muy restrictiva baja drásticamente el número de incendios. A veces se nos pide que ejerzamos el liderazgo desde posiciones que luego, cuando lo hacemos, se nos reprocha.

En cuanto a las Estrategias de Conservación de la Naturaleza, hemos aprobado en el tiempo que llevo como Ministra diez Estrategias Nacionales fruto de un esfuerzo compartido con las Comunidades Autónomas. Ahora les toca a ellas ejercer la responsabilidad. Llega la reintroducción del oso en el Pirineo y no digo que me pidan que sustituya a las Comunidades en ese proceso, pero casi. Voy a colaborar, pero hay una Estrategia Nacional que ya dice lo que hay que hacer y el Ministerio pondrá dinero, que teóricamente no tendría que hacerlo porque no tenemos la competencia de conservación de la naturaleza. Es un equilibrio permanentemente cuestionado, a veces desde una actitud partidista. Soy consciente de que me muevo en un terreno donde si doy un paso más puedo ser increpada por invadir competencias, pero daré todos los que crea que debo dar como Ministra. Entre los flecos se nos escapan cosas muy importantes como el valor de nuestra biodiversidad.

¿Por qué no se regulan los temas forestales en las futuras leyes de biodiversidad y de desarrollo rural sin tener que promover o ligar dichos espacios a la explotación comercial, ya sea por la producción energética del kilovatio forestal o por la explotación de la madera, o la producción de papel?


El proyecto de Ley sobre Biodiversidad, que tenemos muy avanzado, defiende precisamente esos valores, y en la propia Ley de Montes, en la revisión que hemos hecho, hemos acentuado la diferencia de criterio en cuanto al bosque como ámbito de producción económica del bosque como productor de servicios ecológicos. Es en esa línea en la que tenemos que seguir, y es verdad que si queremos que haya población que mantenga el bosque adecuadamente, tenemos que situarla en un contexto de oportunidades de empleo y desarrollo, y por eso hay un proyecto de Ley de Desarrollo Rural. Deberían ser las dos piezas que hagan que no sigamos abandonando el medio rural, sobre todo el forestal.
 

Uno de los argumentos que se utilizan para que no se produzca ese abandono rural –que nosotros vemos como un tema peligroso es la posibilidad de que se apoye una subvención al kilovatio forestal. ¿No cree que esto pueda dar lugar a que la repoblación de pinos y eucaliptos sean aun más rentable, y resulte imparable la sustitución de pastos y de ganadería por repoblaciones industriales de especies arbóreas de baja calidad pero de crecimiento rápido?

No, porque se piensa en potenciar el uso de la biomasa forestal, pero de la residual. De hecho, el programa que este año hemos comenzado de apoyo a los Comunidades Autónomas para la retirada de biomasa forestal para su utilización en centrales térmicas no tiene que ver con el uso del bosque en términos energéticos más que en lo que es biomasa forestal residual. Se trata de decidir lo que le sobra cada año al bosque, y hacerlo dentro de programas muy cuidadosos para que esa retirada de biomasa no vaya en contra de la riqueza y la pluralidad del ecosistema. La biomasa forestal no podemos entenderla como un recurso masivo sino un recurso en términos de energías limpias y renovables, reducido en su incidencia pero importante si somos capaces de encontrar ese equilibrio de no retirar del bosque más que en aquello que en el práctica supone un aumento de su combustibilidad, pero que no es la biomasa viva que permite que el bosque tenga una riqueza biológica que no reduzca al árbol para la madera y sus distintos usos productivos.

Si aumenta la biomasa forestal, hay que tener cuidado cómo se interpreta eso, porque las subvenciones pueden dar lugar a que se haga incorrectamente. Si crece la biomasa forestal con especies de crecimiento rápido, que suelen ser las más combustibles, la experiencia que hemos tenido en los últimos años nos dice que se incrementarían los incendios… 

Hay que confiar en la sensatez y rigor de los gobiernos autonómicos a la hora de tomar decisiones. En mi corta experiencia de restaurar zonas quemadas, el año pasado en varios incendios el Gobierno aprobó como medida excepcional que vayan recursos del Ministerio de Medioambiente para ayudar a las Comunidades a recuperar esos espacios forestales. He tenido ocasión, en Ourense, de ir a ver una de las actuaciones donde el Ministerio va a meter casi cuatro millones de euros y he estado con los técnicos y responsables políticos de la Xunta; se trata de una restauración que incorpora las especies autóctonas y reduce el espacio de especies de rápido crecimiento con fines económicos. Hay más técnicos con una formación más amplia que en el pasado, porque recordemos que las grandes repoblaciones forestales de este país han estado en manos de ingenieros de tradición productivista. Hoy, además de ingenieros de montes, hay biólogos, botánicos, equipos más multidisciplinares. Eso en los temas medioambientales es fundamental, y este es un Ministerio que descansa en términos de funcionarios sobre una gran presencia de ingenieros de caminos, y hay una cierta dificultad en encontrar en puestos de responsabilidad una bióloga, un geólogo o un economista, pero es necesario porque de lo contrario se sigue considerando el medioambiente sólo como productor de bienes susceptibles de estar en el mercado. Mi formación como economista preocupada por la ecología me hace ver las cosas un poco más allá del valor monetario de los bienes.

El abandono del campo

Si como está previsto se reducen las ayudas agropecuarias en los nuevos presupuestos de la Unión Europea, ¿cree que el abandono rural, de la agricultura tradicional y la ganadería extensiva, será aún mayor hasta provocar su desaparición?

La respuesta es: aprovechemos al máximo los programas de desarrollo rural y las ayudas de la UE para el medio rural, que cambia respecto del pasado de la subvención a la producción a la subvención al mantenimiento de los ecosistemas y la calidad de los productos. Esa es la gran transformación para nuestro medio rural y en eso hay absoluta coincidencia entre la Ministra de Agricultura y este Ministerio: trabajar hacia un desarrollo del medio rural que no sea tan dependiente de la subvención a la producción. Incluso si podemos eliminar alguna producción en regadío excedentaria nos haremos todos mucho bien recíproco. Los hectómetros cúbicos que estamos consiguiendo para garantizar agua en el Levante para abastecimiento son cesiones de agricultores en Aranjuez que iban a plantar maíz en regadío, que es excedentario.

¿Es consciente su Ministerio de la estrecha interdependencia entre la biodiversidad y la salud de los ecosistemas españoles más emblemáticos con las culturas campesinas? Vislumbrando la probable desaparición de estas culturas en los pueblos de España, con sus consecuencias sobre la fauna y flora, ¿no tiene previsto realizar estrategias de acción conjunta con el Ministerio de Agricultura?

Sí, de hecho estamos dentro de la actual exigencia europea de buenas prácticas agrarias. Hay ya una regulación y el otro día el Consejo de Ministros aprobó la reducción de las ayudas a los agricultores si no cumplen con esas buenas prácticas agrarias, lo que llamamos las medidas agroambientales, que son una primera aproximación al cumplimiento de determinadas exigencias para preservar la calidad del suelo y los ecosistemas. Es un primer paquete obligado en la UE y si lo agricultores no lo cumplen pierden un 10, 20, 30 o 50%, en función de su incumplimiento. Con la Ministra de Agricultura hace muy poco pusimos en marcha el plan de choque de modernización de regadíos, que no sólo pretende un uso más eficiente del agua y poder disponer de ella para abastecimiento, usos ambientales, etc., sino que para todas las explotaciones agrarias que se van a beneficiar de ese plan de choque es exigible que presenten informes de mejoras ambientales y buenas prácticas. Estamos trabajando juntos y hay muy buena sintonía. Ahí están estas dos leyes que tienen que estar bien encajadas –la de biodiversidad y la de desarrollo rural y muchas otras cuestiones en las que día a día trabajamos con el Ministerio de Agricultura, como por ejemplo en la regulación de los transgénicos, de la que espero tengamos una última y buena versión..

¿No sería quizá más rentable promover la ganadería y agricultura tradicionales? Por ejemplo, en Cataluña se ha hecho un estudio donde se demuestra que aplicando únicamente el 10% del presupuesto anual actualmente dirigido a la extinción de incendios en promover estas ganaderías extensivas que actúan como desbrozadoras naturales, se acabaría con el problema de los matorrales, responsable en gran medida de que se quemen los bosques. Eso además ayudaría a muchas especies carroñeras, aves y mamíferos que están en peligro de extinción y que dependen en gran medida de la ganadería extensiva. Se trata no de solucionar el problema con medidas cuando es demasiado tarde, lo que resulta muy caro, sino de ir a la raíz y trabajar para que el sistema se automantenga.

De eso se trata, porque además al cambiar la política agrícola comunitaria el marco en un futuro es mucho más coherente con ese enfoque. ¿Por qué hemos ido a una agricultura y ganadería intensivas? Porque el objetivo era conseguir en poco espacio mucha producción. El resultado es lo que conocemos en términos de calidad de la producción, de bienestar de los animales. En la medida que se vaya desacoplando la ayuda económica a agricultores y ganaderos de su volumen de producción, aparece un escenario para la agricultura tradicional y la ganadería extensiva totalmente diferente al del pasado, y es en ese contexto donde se sitúa un esfuerzo de desarrollo rural que pueda rescatar un uso del suelo inteligente, no como una corrección marginal sino como un planteamiento hacia el futuro. Pero no olvidemos que hay todavía muchos colectivos en España enganchados a las ayudas de la PAC y ahí el Ministerio competente tiene que hacer un gran esfuerzo de gradualidad y búsqueda de nuevas soluciones, porque hay agricultores que si se les cambia de la noche a la mañana su escenario económico pueden encontrarse en una situación muy difícil. Hemos estimulado durante mucho tiempo lo contrario de lo que ahora queremos hacer, pero lo hemos hecho en el marco de esa política agrícola comunitaria en la que hay una tradición de que los agricultores europeos sean los más protegidos frente a la competencia internacional del mundo, seguidos a poca distancia por los de EEUU. Incluso en términos de justicia internacional, la relación de Europa con el mundo pasa porque nuestros agricultores tengan una menor protección y una mayor especialización en productos de alta calidad y en la conservación de sus ecosistemas. Eso va a tardar tiempo en cambiar, pero lo importante es que se tenga la dirección correcta y dentro de la UE España no sea una rémora a la transformación de la PAC.

Nuestra biodiversidad: calidad versus cantidad


Somos el país con mayor biodiversidad de Europa y con tradiciones todavía presentes que generan calidad en lugar de cantidad, mientras que en cantidad nos resulta muy difícil competir con otros países europeos que llevan haciéndolo mucho tiempo…

Ahí la otra batalla europea es que la Red Natura 2000 no sea una situación perjudicada por la política europea en general. Desde el principio de la legislatura se ha hecho una batalla frontal con otros 14 países de la UE, con fuerte liderazgo de España, para plantear frente a las pretensiones de la Comisión Europea una mayor exigencia de cofinanciación por parte de Europa y un Reglamento Life más correcto. Ahí sí que he tenido conmigo a todas las Comunidades y sus Consejeros, a las ONGs y a todo el mundo, porque tenemos que hacer valer ese patrimonio tan amplio de nuestro país frente a la UE en términos de cuántos presupuestos de la UE se destinan a Red Natura 2000 y con qué criterio se puede pedir ayudas. Es satisfactorio que hayamos hecho que el Reglamento Life contemple como actividad cofinanciable la compra de terrenos para preservarlos dentro de la Red Natura 2000. Son pequeños detalles de una batalla de la que no puedo sentirme contenta, porque las perspectivas financieras para los próximos años son muy tacañas en términos de apoyo a la biodiversidad en Europa.

Muchos de estos lugares marginales con culturas tradicionales de agricultura y ganadería extensivas también producen biodiversidad. Además de tener un sello de calidad, ¿no habría que cuantificar que esa gente en lugar de luchar contra la alimaña que termina con su oveja se sienta orgullosa por estar produciendo biodiversidad?

Es la gran asignatura pendiente. España tiene una gran tradición de proteger espacios naturales, pero no tenemos el mismo desarrollo de políticas de apoyo a los ciudadanos en el medio rural entienden por espacio protegido algo restrictivo y darles una alternativa. Tenemos muchos parques naturales y parajes y muy pocos planes de desarrollo sostenible para ellos. Y eso una vez más supone una distribución distinta de los presupuestos públicos. El otro día en la Feria del Gourmet vimos que cada vez hay más agricultores, más empresas, organizaciones de consumidores, los propios medios de información que le van dando a la agricultura y la ganadería ecológicas un espacio dentro de España que ya lo tienen fuera, donde están vendiendo entre el 80 y el 90%, si bien aún no hay un mercado doméstico representativo. Estamos todavía en el inicio, pero la potencialidad es enorme. El cambio en esta legislatura del papel que ha jugado el Ministerio de Medioambiente en el Consejo de Ministros es que estamos trabajando con otros Ministerios desde el primer momento y hacemos oír nuestra voz, aunque algunas veces no sea la que a una parte de la sociedad le gustaría escuchar.

El debate nuclear


¿Qué opina de las voces que quieren reabrir el debate nuclear para imponer esa energía como solución a la demanda y al cumplimiento de Kyoto?

Aunque las centrales nucleares no emitan CO2 producen residuos de alta radioactividad cuya seguridad tiene que ser garantizada durante miles de años, y ese es el gran hándicap asociado a la energía nuclear. Creo que los ciudadanos deben ser conscientes de que la única opción sostenible es la de las energías renovables, unido a un nivel de consumo de energía mucho más eficiente. La energía nuclear no es sostenible desde el punto de vista de la seguridad, que hoy por hoy no tiene una respuesta satisfactoria. Para que las centrales nucleares y sus residuos sean seguros durante miles de años tenemos que movilizar unos recursos económicos que quizá sea mucho más razonable aplicarlos en el desarrollo masivo de las energías limpias.

¿El Gobierno también piensa lo mismo?

Hay que recordar lo que dijo el Presidente del Gobierno al principio de la legislatura. En su discurso de investidura apostó por un modelo energético cada vez más eficiente y con un peso mayor de las energías renovables, y con un peso decreciente de la energía nuclear. Esta materia no es problema de uno u otro Ministro, sino que es el Presidente el que tiene el liderazgo pleno para decir la última palabra.

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