Agenda Viva. Primavera 2006
Entrevistas

Darya Von Berner

“El arte es la capacidad de ampliar nuestra percepción de la realidad”.

Tal como Walt Whitman sentía la identidad única de todo lo creado, así lo siente también Darya von Berner (México, 1960), una pintora que ha querido rendir homenaje al poeta con una exposición titulada November Boughs (Ramas de Noviembre), nombre tomado de un libro recopilatorio del propio Whitman. La obra de Darya habla del asombro por la vida y de la potencia de un mundo en permanente transformación.

La exposición en la que nos hemos centrado para entrevistar a Darya Von Berner se concreta en una instalación; las ramas de un árbol enorme salen de la pared del fondo de la galería, atraviesan el muro intermedio y se abren en una segunda sala. Dos fotografías muestran el crecimiento de la ciudad, proponiendo con dos diferentes formatos un paralelismo biológico de ambos desarrollos. 

El crecimiento diagonal de las ramas consigue ilusionar al espectador con la imagen de que un gran árbol se ha abierto paso desde el sótano, perforando suelos y paredes, como en los antiguos templos birmanos o mayas donde la naturaleza ha recuperado su lugar invadiendo la arquitectura humana, mostrándonos su superioridad, haciendo desaparecer las huellas de nuestro paso por la tierra. Las imágenes de la ciudad que surge en un descampado muestran una nada sin cultura, sin posibilidad de arraigo, una ciudad onírica sin pasado y sin futuro que crece por pura inercia. Naturaleza y cultura, ¿donde se ocultan y revelan las fronteras?


DEJAR HACER A LA NATURALEZA 
 
... Y corté una rama con cierto número de hojas, enredando en ella un poco de musgo, y me la llevé y la coloqué a la vista en mi habitación.... solitaria en medio de un espacio plano y amplio...

(Walt  Whitman)
                 
                                              
¿Qué ha intentado contar con su exposición en la galería Moriarty? ¿Por qué un árbol atraviesa un espacio interior?

Con esta pieza quería dar el máximo de mi misma. Llevo muchos años trabajando en la naturaleza y necesitaba hacer algo que realmente fuera una invasión de la naturaleza. Es como si el árbol de la calle se hubiera metido dentro de la galería y la hubiera atravesado, colándose por las paredes, por el techo, como si el  árbol siguiese creciendo en un movimiento lento pero perpetuo. Si dejásemos a la naturaleza ser, ella crecería y crecería. Esta idea de meter un árbol en un piso no es más que lo que haría la vida si se lo permitiésemos. Y esto tiene que ver con mi trabajo de dejar siempre el lugar al otro, al  fenómeno de la naturaleza que parece que no vemos y que sin embargo nos es tan esencial.

El equilibrio del ser humano con la naturaleza se mueve entre dejar a la naturaleza que haga y no dejarla. Esta es justamente la asignatura pendiente que tenemos. Dejar que una rama entre en tu habitación y ver las estaciones en esa rama atravesando tu casa parece un sueño, algo insólito. Yo tengo la necesidad de permitírselo y por eso lo he  forzado en el mundo de la cultura, en el mundo de las galerías de arte en Madrid. Lo que nosotros hacemos actualmente al construir con esas enormes grúas de forma desaforada en cuanto descubrimos un trozo de tierra es el mismo proceso que las ramas de un árbol que necesitan crecer, pero en nuestro caso se hace con más cantidad que calidad, como si cogiésemos una de las peores características que definen a la naturaleza, que es no dejar de crecer. Lo hemos convertido en una enfermedad pues por desgracia nuestra imitación de la naturaleza no es una cosa equilibrada como sucede en su propio ámbito, donde las cosas se dejan morir naturalmente y luego vienen los periodos en los que se van renovando.

¿Cuál ha sido la reacción de las personas que se han acercado a la instalación, cómo la han vivido?

La gente entraba y se quedaba con la boca abierta, porque era insólito encontrarse un árbol atravesando una habitación, y luego otra, y no poder pasar porque te lo impiden sus ramas. Ha sido muy bonito porque despertaba todo tipo de reflexiones, las que yo pretendía y otras que no había pretendido, por ejemplo cuando me contó un amigo biólogo que el platanus hispanicus al que pertenecen estas ramas es el único árbol en el que las ramas, al fundirse unas con otras para formar las alamedas, acaban convirtiéndose en el mismo árbol; los 90 árboles son sólo uno. Ahora que todo el mundo habla de Internet y de la conexión entre todos los ordenadores del planeta, es increíble contemplar cómo en la naturaleza, cuando la savia pasa de un árbol a otro, eso representa un intercambio de redes, de ramas, y siempre ha existido.

NATURALEZA Y CULTURA

Naturaleza y tecnología ¿dos tendencias en el arte?


La exposición que viene a continuación de la mía es de videos; tendrán que pintar las paredes de negro, oscurecer toda la galería y llenarla de proyectores y cables por todas partes. Si lo comparamos con haber tenido unas ramas llenas de brotes y ese olor de la madera y el sol entrando por las ventanas y reflejándose en la corteza, pues no hay parangón, pero sin embargo son dos fenómenos de la cultura. En definitiva no es una pelea porque todo en la vida es noche y día, luz y sombra, tenemos que aprender que la vida es eso. Más que una batalla entre cultura y naturaleza es un equilibrio que está ahí y que los artistas por lo general comprenden.

¿Por qué la naturaleza no tiene un lugar claro en el arte actual y no se la considera cultura? ¿Crees que nuestra cultura se ha olvidado de mirar a la naturaleza?


Yo creo que en la cultura, la naturaleza siempre ha ocupado un puesto central. Esto que me pasa a mí de intentar encontrar el equilibrio entre ambas es muy occidental, porque aquí nos parece que no formaran parte del mismo mundo. En Oriente es una cosa más fluida; allí no se ven tanto los límites y las fronteras entre ambas. La misma forma de enfocar la pregunta deja claro que parece que no son dos cosas de la misma especie. Yo creo en cambio que lo son,  y como occidental me cuesta trabajo captarlo, pero cada vez voy sintiendo con más fuerza que nosotros somos naturaleza.

La cultura y el arte siempre se han fijado en la naturaleza. Por ejemplo, Cézanne y Van Gogh consideraban fundamental estar en mitad del campo. Lo mismo ocurre entre los artistas más contemporáneos, por ejemplo Janis Kounellis, que no pinta al carbón en medio de la naturaleza, sino que coge un saco de carbón y lo coloca en el centro de la sala, y en vez de unos girasoles pinta un cuadrado amarillo en la pared que representa  también a los girasoles. Es otra forma de despertarnos; en la vida terminamos anestesiándonos y el cuadro de Van Gogh se convierte en una imagen de calendario que ya no nos permite ver.

Yo empecé pintando cuadros de ramas, de árboles y bosques rodeados de espacio blanco vacío, que era como un árbol atravesando la arquitectura. Hace 15 años pintaba eso, y si no lo sigo haciendo y en cambio meto el árbol en la galería es porque en el mundo en el que vivimos, en el que nos invaden millones de imágenes de la publicidad por todas partes, necesitamos enfrentarnos a la naturaleza de otra forma, más presente, con el tronco, con las ramas impidiéndote pasar y obligándote a agacharte. Un cuadro no te obliga a agacharte ante la naturaleza que representa. Yo necesito meter un árbol atravesando la habitación  para que te topes con él.

Miramos, ¿pero vemos?

Murmurando con sus miríadas de hojas, desde su elevada copa que llega a doscientos pies de altura, con su tronco y sus ramas robustos, con su corteza de un pie de espesor, oí ese canto de las estaciones y el tiempo; canto que no es sólo del pasado, sino del futuro también: /Oh, grandes alegrías pacientes y robustas, vigorosas alegrías ignoradas por los hombres,/ (Pues habéis de saber que llevo el alma que me cuadra: también yo tengo conciencia, identidad y todas las rocas y montañas la tienen, y toda la tierra); alegrías de la vida que me cuadra a mí y a mis hermanos, nuestra hora, nuestro fin ha llegado./ (...).Y cedamos el campo/ Para ellos, que fueron anunciados, para una raza más soberbia; también ellos habrán de llenar con grandiosidad sus tiempos.....

(Walt Whitman)

Cuando pintabas en la naturaleza ¿qué era más importante, el proceso de relación con ella o el objeto que pintabas?


Lo más importante es el proceso. La naturaleza está ahí, pero no la vemos como debemos verla, de hecho no vemos nada. Te hablo desde la experiencia de alguien que se ha dedicado años a quedarse quieta en mitad del monte, mirando desde que sale el sol hasta que se pone y sin hablar con nadie en todo el día, observando lo que tenía delante, tratando de entenderlo, tratando de ser yo lo menos importante y lo de afuera lo más importante. Fue casi como una experiencia mística, y lo más asombroso de ella es cuando descubría que llevaba dos semanas mirando el mismo trozo de tierra y no había visto una encina por ejemplo, ni había visto la jara y la retama, ni había percibido la diferencia entre dos tonos de verde. Y este darme cuenta era constante, cada día veía algo nuevo que no había visto anteriormente, y me daba cuenta de que en realidad no vemos nada.

Creemos que vemos, pero vemos lo que nos interesa, seleccionamos para sobrevivir, porque si no fuera así estaríamos mareados ante todas las cosas que existen. Pero a veces estamos muy alienados, acabamos sólo pensando en la hipoteca y en el coche y ya no podemos ver ni el florero que tenemos delante, lo ves un minuto cuando compras las flores y luego lo dejas de ver. Yo creo que la naturaleza está siempre ahí y la necesitamos, pero como no nos sirve para pagar la hipoteca la olvidamos. Pero siempre está ahí.
 
¿Qué has aprendido en el proceso de crear esta instalación?

Para mí ha sido la prueba, una vez más, de que el mundo puede ser como tú quieres,  puedes soñar algo y después puedes hacerlo. Lo importante es soñarlo, imaginarlo; luego eso viene solo, pero tienes que tener la imagen clara de qué es lo que quieres. Saber que puedo pensar lo que quiera, algo tan absurdo como meter un árbol por un balcón, y luego hacerlo me da mucha fuerza. Y eso es lo que puedo dar a los demás: un sueño que se realiza, te has creído tu sueño y estás viviendo en él,  y eso es el arte. Te has creído que el árbol está ahí creciendo y atravesando las habitaciones y echando brotes, bañado por los rayos del sol, y el día en que se acaba la exposición se acabó el sueño y hay que cortarlo, porque ahora hay que pensar en el siguiente sueño. Eso es el arte: abres el libro, lees el poema, lo acabas, cierras el libro y a ti te ha quedado algo. El arte es el proceso, no es un fetiche, no es algo con lo que puedas especular y hacer dinero como ocurre en las subastas. El arte es la capacidad de ampliar nuestro horizonte de percepción de la realidad. Lo que he aprendido es que la vida está ahí y que no hay límites; al final  es todo lo mismo.

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

(Walt Whitman)

EL MUNDO ANIMAL ACORRALADO


Otra de las miradas de Darya a la naturaleza se dirige al mundo animal acorralado por el crecimiento desmedido, cuya savia es la especulación sin sentido. Es la mirada a otro símbolo más de un libro, la naturaleza que se extingue y que en este caso se concreta en el proyecto Lupus Viator, en latín “el lobo que camina”. Darya nos lo explica con sus propias palabras:

“Lupus Viator forma parte de la misma idea de ceder mi lugar al viejo lobo que va caminado. Se trata de una serie de instalaciones de tamaño monumental, pintadas  a lo largo de las galerías y museos del mundo. Son intervenciones in situ que luego desaparecen. Intento darle un lugar al lobo, ya que en la realidad no tiene territorio. Este lobo va apareciendo como en una mítica peregrinación, caminado de una ciudad a otra, y luego esa imagen se borra, como pasa con la extinción de esta especie y de otras. El lobo se va a otra ciudad, no se queda en el museo que lo ha cobijado, y eso nos trae la idea de que no te tienes que quedar con el objeto sino que lo importante es el proceso de pintarlo y pensarlo. Si los animales desaparecen yo también quiero vivir lo que significa la extinción, así que todo mi trabajo se extingue, porque si se extingue lo importante, que más da que se extinga una obra, no quiero pretender que la obra perdure para siempre mientras se extinguen los lobos. Los lobos en mi obra se extinguen a brochazos en la naturaleza, se les pega un tiro. En el arte tienes que vivir en carne propia lo que piensas. No se trata de dar un discurso o palabras, eso no significa nada. Lo importante es cuando ‘haces’, y el arte es esa sensación que es la que nos transforma de manera real y profunda”.

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