Joaquín Albaicín
“Mucha gente tiene cegado el canal de contacto con lo invisible”
Joaquín Albaicín es un escritor nada previsible. Tal vez por sus orígenes romaníes, su andar literario y vital lo sacan de los mapas comunes. Sus orígenes nómadas le han llevado a escribir una obra sin geografías previsibles, y se ha trasladado con su imaginario de la literatura al ensayo, de la crónica flamenca a la arqueología erudita del reino perdido del Preste Juan, de sus artículos taurinos a sus inquietudes geopolíticas. Con tan amplio recorrido, animados por la compañía de un gitano que entiende de mirar el mundo y sus contornos, a la lumbre de sus conocimientos en tradiciones antiguas y en las crónicas milenarias sobre el fin de los tiempos, nos hemos acercado a Joaquín Albaicín para que nos hable de la naturaleza y de su arte.
En las historias que usted narra, un lugar común es la vivencia de un hombre urbano, moderno, que siente una profunda melancolía por un paraíso perdido o tal vez ensoñado. ¿Piensa que la naturaleza puede colmar ese deseo?
Bueno, no creo ser, como artista, un autor demasiado pastoril. Como bien ha señalado, mi obra narrativa discurre por parajes a menudo urbanos o, cuando menos, modificados por la mano del hombre. Sí puedo decir que estoy plenamente de acuerdo con aquella apreciación de Rene Guenón referente a que los pueblos sedentarios vivirían fundamentalmente en el tiempo, en tanto los pueblos nómadas viviríamos sobre todo en el espacio. En este sentido, ese retorno a la naturaleza -o a una cierta naturaleza- del que tratan algunos de mis relatos como “Cuento de Connaught Place“, “Cuento de Polo Norte”, o el último de ellos todavía inédito, “El atasco”, no lo interpreto tanto con la vuelta a una suerte de vergel ecológico como con el regreso a un espacio donde no rijan las leyes del tiempo. Expresándonos en términos judeo-cristianos: con la vuelta al Edén o Paraíso Terrenal. Y sí, sin duda que la naturaleza proporciona un mapa de regreso, unas claves simbólicas que pueden servir, por ejemplo, como soporte de meditación en ciertas prácticas espirituales. Pero al hombre de hoy, que en una piedra solamente aprecia dureza, o en un pájaro nada más ve plumas, ¿de qué le puede servir la contemplación de los valles, de las montañas o de un río? La naturaleza es para él un libro mudo que no puede leer.
¿Se puede hablar entonces de una doble naturaleza, la biológica o “material” y la simbólica?
Efectivamente. Existe, digamos, el soporte físico de la naturaleza, del que se ocupan la biología y demás ciencias naturales, y, subyacente a él y empapándolo como el alma y el espíritu empapan el cuerpo, la naturaleza como presencia metafísica y cosmológica. Esta comprensión global de la naturaleza era la de las civilizaciones precedentes a la actual, y no ha variado con el tiempo; la visión de la naturaleza que tenían los caldeos o los griegos, la tenían 10 y 20 siglos después los hombres de la Edad Media. En cambio, esa otra visión exclusivamente física de la naturaleza no presenta, paradójicamente, tanta consistencia: los dogmas de la ciencia moderna son de muy corta vida. Las construcciones que un día la ciencia moderna eleva a sus altares, ella misma las derrumba tres días después.
El hombre actual no parece capaz de otra visión que no sea la “científica”, o de una conciencia que no sea “sentimental”…
A mi juicio, el hombre actual y las instituciones públicas mantienen con la naturaleza una relación fundamentalmente hipócrita. Su política de medio ambiente es la del chiste: “¿Para qué tala usted los árboles? ¡Para poder ver el bosque!” Por ejemplo, eso de: “¿No le parece a usted maravilloso tener a 100 km de su ciudad un fantástico parque natural?”. Dejémonos de mentiras. Eso no es un parque natural, sino un parque temático, porque una naturaleza de la que sólo puedes disfrutar previa cita y en las horas marcadas por la ley… ¿es natural? Un bosque es un bosque porque, entre otras cosas, no hay nadie que se ocupe de llevar un censo de cuántas ardillas, topos o jilgueros viven en él, o de cuántas aves nacieron el año pasado y cuántas han muerto éste. La relación del hombre de nuestros días con la naturaleza es casi la misma que mantiene con esas fotos de paisajes bellísimos que te invitan a bajarte como salva-pantallas para tu ordenador.
El Duende
¿No tiene el arte moderno mucho de cosificación y de encerramiento con sus reproducciones digitales, sus artificios, su mercadotecnia? ¿Piensa usted, como conocedor del flamenco, que este arte puede sobrevivir fuera del directo y del contacto íntimo entre intérprete y público?
No estoy en contra de las grabaciones, si es eso lo que me pregunta. El fin último del flamenco, como de la literatura, la pintura y –creo- cualquier otro arte es servir de puente, vía de expresión o vehículo de manifestación a una experiencia extática que nosotros llamamos el Duende y es de origen no humano. Dicho esto, por supuesto que estar sentado al lado del cantaor en el momento en que esa experiencia acontece y cobra cuerpo proporciona una participación más directa e intensa en la misma. Mi mujer canta con mucha profundidad y mucho peso por seguiriyas, y por supuesto que me encanta poder pegar un olé a mi mujer, pero también me encanta poder pegar un olé a su abuelo, Manolo Caracol, a quien ahora solamente podemos escuchar en disco. Y me encanta poder pegar un olé al baile de José Maya o a la guitarra de Jerónimo, pero también enriquece mi vivencia flamenca poder pegárselo a los de Farruco o Sabicas, de cuyo arte ya sólo podemos disfrutar por vía audiovisual. El Duende no es algo que, con nada más que introducirse en determinada atmósfera, experimentará o sentirá cualquiera. Hay muchísima gente que, por la razón que sea, tiene cegado ese canal de contacto con lo invisible, gente que no se inmuta escuchando un disco de María Callas o Camarón, pero que tampoco se inmutaría sentada al lado de Camarón en su momento cumbre, y que como mucho te diría: “¡Cómo chilla este hombre!”.
Y sí, es cierto que la tecnología conlleva ciertos riesgos y puede contribuir, a veces, a favorecer el letargo de la inspiración. Empieza a considerarse normal, por ejemplo, que cuando un solista o un grupo se encuentran en el dique seco, en ese momento en el que uno no sabe por dónde tirar, la casa de discos le convenza de echar mano de temas clásicos de otros artistas. Entonces, con la ayuda de la tecnología, se monta un falso concierto: se graba la voz de Fulanito, que lleva años muerto, cantando a dúo sus canciones con Menganito, que a lo mejor no le conoció ni en pintura, y se añaden los coros “fresquitos” de Periquito y Periquita y la gaita eléctrica de no sé quién. Se procede a sacar a la calle un fantasma, a “resucitar” a Fulanito para remediar la falta de inspiración de Menganito.
Sobre el arte moderno, al que también ha aludido usted, es un campo en el que he conocido a gente muy destacada. Reconozco que sus fundamentos y presupuestos me dejan bastante indiferente, cuando no me resultan patéticos. También ahí, a pesar de todo, hay gente inspirada y muy rigurosa en sus proyectos, pero poquísima. Lo común es el fantoche disfrazado de lo que él cree que es un artista. Y no deja de asombrarme la facilidad inaudita con que en Occidente puede convertirse en ídolo musical de masas un individuo carente del más mínimo talento musical, interpretativo y escénico.
¿Qué es el Duende?
El Duende es, de por sí, indefinible. La expresión “Ese tiene Duende”, sólo la considero correcta si nos referimos a que “ese” sirve habitualmente de soporte al Duende. Porque el Duende, por un lado, lo “tiene” todo el mundo, desde el momento en que es una facultad del espíritu. Pero, al mismo tiempo y por eso mismo, no lo “tiene” nadie, pues sólo se puede tener aquello que es material. Yo diría que no se trata de que haya personas en cuya constitución psicofísica no se den determinados elementos, pero sí que, por razones que se me escapan, muchas personas tienen, evidentemente, cerrados los canales a través de los que se expresa o recibe al Duende.
No parece que haya una preocupación por facilitar pedagogías o herramientas que nos abran a percepciones sutiles o inspiradas como es el caso del Duende. Es como si todo el ambiente moderno se haya puesto de acuerdo para ahogar esa voz, ese compás.
Creo que el entorno influye, en cierta medida, en ese estado de cosas. Antiguamente, al hombre se le estaba recordando continuamente la conveniencia de que se preocupara por la salvación de su alma. Se le recordaba desde los púlpitos, se le recordaba incluso desde las obras de arte. Supongo que si naces en una familia en la que se vive un cierto culto a la inspiración y se aplaude y valora lo genial, es más fácil que se te despierten ciertos resortes artísticos que si naces en otra en la que la obsesión es pisar el cuello al de al lado porque tienes que ganar mucho dinero. Desde los medios de comunicación se nos invita constantemente a asomar la nariz a todos los pozos que conducen al infierno, diciéndonos además que es muy recomendable y que es lo mejor que podemos hacer en esta vida. Con tales consejos no se propicia el clima donde florece la inspiración o, en otro orden de cosas, la santidad.
Flamenco y Naturaleza
Tenía un interés especial en preguntar a un conocedor como usted si cree que el flamenco se está degenerando o perdiendo. Lo digo porque algunos de los llamados “antiguos” así lo comentan.
El flamenco tiene una vertiente exterior (la proyección pública de los artistas profesionales) y otra íntima (su vivencia como tradición perteneciente a la vida de la familia gitana). En este segundo sentido, creo que el flamenco no tiene por qué desaparecer, ni que esté ni mucho menos en fase de extinción. En cuanto a su vertiente profesional, siempre, como en todas las artes, ha conocido oscilaciones, épocas en que los artistas que se llevan el gato al agua son los que encarnan una línea interpretativa más pura, ortodoxa y tradicional hasta que, por las razones que sea, surgen artistas de vanguardia que les comen el terreno y prevalecen durante un tiempo. Hubo una época en que Marchena dominaba la escena con el fandanguillo. Surge Antonio Mairena y da la vuelta a la tortilla, imponiendo otra vez el flamenco ortodoxo. Luego, en los años 70, surgen Los Chichos y Las Grecas y el flamenco es reemplazado en las preferencias mayoritarias por la rumba flamenca. Entonces, aparece Camarón y da otra vez la vuelta a la tortilla. Son oscilaciones propias de todo arte. Mientras el flamenco continúe siendo un eje de la vida de la familia gitana, no veo por qué habría de desaparecer.
Los gitanos, al tener una fuerte herencia nómada, no entienden de fronteras. Su patria es la Tierra o cada lugar que pisan, y pasa lo mismo con los otros habitantes del planeta –su fauna- que obviamente se desplazan sin pasaporte. ¿Cree que esta memoria aproxima mejor al gitano a una visión más ecológica? ¿Qué lugar ocupa la naturaleza en la tradición gitana?
Yo prefiero decir que nuestra patria es el Cielo, más que la Tierra, por cuanto siempre hemos entendido la naturaleza como reflejo de la providencia de Dios, como símbolo de esa mano poderosa que siempre nos brindó su protección. Como vivencia empírica o experiencia cotidiana, hace mucho que el nomadismo ha desaparecido de nuestro horizonte vital, debido a la extinción de las condiciones generales de vida que lo posibilitaban. Lo que sí queda es una conciencia nómada, un nomadismo psicológico que nos inclina con mucha fuerza, por ejemplo, a seguir viviendo al día, a no preocuparnos por el mañana, a dar por supuesto aquello de “Dios proveerá”. No sé si los animales sienten, entre comillas, algo parecido, si los animales, de algún modo, sienten eso de “Dios proveerá”. Intuyo que tienen a su modo, y subrayo lo de “a su modo”, lo que podríamos llamar vida espiritual, aunque por supuesto dentro de unos parámetros muy diferentes de los que marcan las condiciones de existencia de los seres humanos. Pero creo que debe tener algún sentido toda esa iconografía animal que descubrimos en el arte sagrado de todas las tradiciones, debe tener algún sentido que el Espíritu Santo sea representado por una paloma, Cristo por un cordero o Hanuman por un mono.
Estamos en la antesala del derrumbamiento total de la cultura rural en España, una cultura con una tradición empírica, memoriosa y oral. La sociedad moderna está muy ocupada en acabar con toda tradición oral. ¿Cuánto de mito moderno cree que hay en la alfabetización, o en la visión unívoca que reduce toda memoria y conocimiento a la letra escrita?
Uno de los que con más acierto se han referido a esta cuestión ha sido Ananda K. Coomaraswamy, que recordaba la existencia en India o Siria de miles de individuos ágrafos que eran y son capaces de recitar de corrido, sin cometer un sólo error, miles y miles de estrofas de los Vedas, del Corán o de tal o cual epopeya; y no sólo sin cometer un error, sino comprendiendo, además, su significado profundo. Y la existencia también de miles y miles de niños y adolescentes que manejaban un habla muy rica en su lengua natal y que, tras ser escolarizados por los dominadores coloniales europeos, se convirtieron en anglo-hablantes o franco-parlantes de recursos expresivos más que mediocres, incluso en su propia lengua. Culto, decía Coomaraswamy, no es quien ha leído mucho, sino quien ha sido profundamente enseñado. Estoy de acuerdo.
Literatura escatológica
Usted escribió un libro en 1999, “El príncipe que ha de venir”, sobre las visiones proféticas en todas las tradiciones religiosas sobre el fin de los tiempos. Después de la reciente publicación sobre el informe del cambio climático, ¿ve más cercanos los signos del fin de los tiempos?
El Cristianismo, el Islam, el Hinduismo…ofrecen un relato anticipado del fin de los tiempos en el que la naturaleza se torna contra el hombre que ha renegado de sus raíces espirituales. Viene a simbolizar la gota que colma el vaso, el peso de las acciones nefandas que tarde o temprano acaba desplomándose sobre quien las comete. Me llama bastante la atención que las iglesias nunca mencionen en nuestros días al fin de los tiempos, o los cataclismos que con bastante recurrencia asolan el mundo, haciendo algún tipo de referencia a que, de acuerdo con los escritos de Arnau de Vilanova y muchas otras interpretaciones de las Sagradas Escrituras, estamos ya en ellos. Ahora entiendo por qué mi libro se vendió tan poco: el tema no interesa ni a los curas. Y bueno, bromas aparte, destacaría también que en relación con ese reciente informe sobre el cambio climático, infinidad de informes con conclusiones muy similares se han ido publicado cada poco desde hace muchos años, y a su publicación sigue invariablemente la de un contra-informe encargado por los políticos a otro grupo de expertos, en el que las tintas de la culpa del cambio climático se cargan sobre otros factores, fundamentalmente la propia naturaleza. No pasa nada. La gente prefiere hacer oídos sordos, y los políticos lo saben.
Para escribir su libro, se ha centrado en las tradiciones abrahámicas e hindúes. ¿Qué papel tiene la naturaleza como escenario donde se hará evidente el fin de los tiempos; anuncian estas tradiciones que el fin vendrá por la naturaleza?
La descripción de la vida en el fin de los tiempos que dan los Purana hindúes es muy similar a la de los Padres de la Iglesia, lo mismo que la batalla apocalíptica de Armaggedon tiene su equivalente budista en los textos sobre la Guerra de Shambhala, o en la escatología musulmana con las historias referentes al Al Mahdi. Creo que la fuerza unificadora y pacificadora latente en todas las religiones, a partir de las profundas coincidencias de sus respectivos corpus doctrinales, ha sido secularmente despreciada. Grave error. Se olvida que, en realidad, jamás ha existido una “ética laica”. En realidad, la “ética laica” no es más que una mera opinión particular. Guste o no, si a lo largo de los siglos los hombres comemos con la mano derecha en vez de con la izquierda, nos casamos con esta mujer pero con esa otra no, o enterramos a los muertos en vez de quemarlos, o viceversa, es únicamente porque el Cielo así nos lo ha mandado. Todos esos llamamientos “laicos” al entendimiento y la tolerancia religiosos caen en saco roto porque están viciados desde su raíz, desde el momento en que los mismos que hablan de una alianza de civilizaciones saben muy poco sobre la civilización persa o japonesa. ¿Qué pueden saber del Islam quienes, a todas luces y a tenor de sus acciones, saben apenas nada del Cristianismo, que es su tradición más próxima y en la que en cierta medida se educaron, y abogan porque sigamos viviendo en esta época oscurantista en la que, por primera vez en la historia, en las escuelas se pone en cuestión la existencia de Dios?
Parece que hoy en día nos resulta muy difícil comprender nuestro origen y lo que da sentido a ese origen. Parece que lo que ve, mira y comprende con respecto a la naturaleza un hombre actual se ha empobrecido…
Es un estado de ignorancia relativamente reciente. Para el hombre de la antigüedad, la naturaleza era como un mapa lleno de claves simbólicas y salpicado, por decirlo así, de puertas hacia los mundos superiores y hacia los mundos inferiores, puertas que él, ritualmente, trataba de abrir o cerrar. Hoy en día, el occidental medio (y por occidental medio entiendo también a quien, pudiendo ser de origen africano u oriental, asuma como suya y viva en cuerpo y alma la civilización moderna) es mayoritariamente ateo o, cuanto menos, agnóstico. Y si no lo es, se le exige encarecidamente que se comporte como si lo fuera. Lógicamente, ya no la visión de la naturaleza, sino la visión general de las cosas del hombre antiguo y del hombre moderno por fuerza ha de ser y es totalmente diferente.
En la literatura escatológica se anuncia que este fin de los tiempos viene causado por la ruptura del pacto del hombre con Dios, o si se prefiere por la negación del hombre de su condición sobrenatural o espiritual. ¿Esto es así en todas las tradiciones universales?
No puedo echar mano en este momento de citas concretas, pero eso se puede leer en las escrituras budistas, hindúes, cristianas, musulmanas… Se especifica que el fin de los tiempos, caracterizado por acontecimientos catastróficos, viene dado por la ruptura del hombre con sus raíces espirituales.
En un texto suyo, que es una invitación al viaje interior o si quiere esencial, señala que el hombre actual ha encerrado entre cuatro paredes el mundo: tenemos en casa la tienda, el profesor, la mujer o el hombre, lo bueno y lo malo. Para un hombre de origen gitano y por lo tanto nómada, este encerramiento debe resultar inhabitable ¿Cómo hemos llegado a tanta “domesticación”; es posible todavía que el hombre sobrevuele su encerramiento?
La principal cárcel de la que, en mi opinión, el hombre de todas las épocas tiene que salir es su propia estructura psicofísica. Creo que estamos aquí para intentar salvar nuestra alma, para tratar de recuperar nuestra condición adámica. Todas las demás cárceles son condenas menores. Las tradiciones espirituales están siempre ahí y ofrecen vías seguras para quien quiera seguirlas por derecho y de buena fe. El problema radicaría en que no creo que esté demasiado extendida esa conciencia de que haya que salvar el alma, de que haya que despojarla de los tegumentos impuros que la recubren. Pienso que el occidental medio se siente, por lo general, muy satisfecho y contento en el mundo que le rodea, que satisface las que considera que son sus necesidades primordiales, todas de orden económico. Vivimos en los tiempos del hombre masa, del hombre que tiene una bola de harina mal cocida en el lugar de los sesos y para quien las inquietudes de orden espiritual sencillamente no existen. Creo excesivamente optimista esperar que estas personas vayan a dedicar un solo minuto al estudio o la reflexión sobre el mensaje de las grandes tradiciones espirituales o de los libros sagrados, cuando esos mensajes invitan a dejar de ser, precisamente, lo que son ellos.
El reino del Preste Juan
Cuéntenos en qué proyectos está trabajando…
Preparo para mayo, con la Asociación Hispano-Mexicana Castilnovo, una exposición de mi colección de fotografías de “Cagancho”, coincidiendo con la presentación de un ensayo mío sobre su figura. Llevo años con mi investigación sobre el enigma de la gran Duquesa Anastasia. Y, en esa línea de dedicación a todo lo pasado de moda, estoy acabando un ensayo sobre el mito del reino del Preste Juan, que en realidad es el desarrollo en profundidad de la breve sección que en su día le dediqué en mi libro “En pos del Sol”. Entonces, por no querer desviar demasiado la atención del lector del tema central del libro, me dejé en el tintero bastantes comentarios y reflexiones que creo merece la pena recuperar. El mito del Preste Juan es una variante del de los Reyes Magos, guardianes del Paraíso Terrenal, y tuvo gran importancia en la vida espiritual e intelectual de Europa y Oriente Medio desde el siglo XII hasta prácticamente el XVII, cuando, de tan repentino modo como apareció, el Preste Juan se esfuma de la conciencia de los europeos. Eran vísperas de la Revolución Francesa y la mentalidad ya era otra; las grandes exploraciones supuestamente habían despejado todas las incógnitas geográficas a un hombre que empezaba a convencerse de que las fronteras eran sólo eso, escollos geográficos. Como no creo en la casualidad, me ha sorprendido agradablemente que Benedicto XVI haya incorporado a su escudo papal la cabeza de etíope o de rey negro que, en la heráldica medieval, simbolizaba al Preste Juan.
Parece que toda cultura tiene su propio reino del Preste Juan…
Sí, porque el reino del Preste Juan es una imagen medieval y cristiana de la Shambhala hindú y budista, del Paradesh mesopotámico. Es la isla a la que viaja San Brandán con sus monjes irlandeses… Es, como habría dicho Henry Corbin, el Reino de lo Imaginal.
Obra de Joaquín Albaicín (Madrid, 1965)
- “La serpiente terrenal” (Anagrama, 1993)
- “Gitanos en el ruedo: el Indostán en el toreo” (Espasa Calpe, 1993)
- “Diario de un paulista” (El Europeo/La Tripulación, 1995)
- “En pos del Sol: los gitanos en la historia, el mito y la leyenda” (Obelisco, 1997)
- “El príncipe que ha de venir” (Muchnik Editores, 1999)
- “La estrella de plata” (Manuscritos, 2000)
- “Monteras de aquí y de allá” (Castilnovo, 2006)
- “El estoque de Cagancho” (Castilnovo, 2007)
- Artículos y colaboraciones para los diarios ABC, El País y Reforma, y las revistas Granta (en español), The Ecologist, Debats, Vogue, La Clave, Más Allá, El Europeo, Axis Mundi, Letra y Espíritu, Generación XXI y 6 Toros 6
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Comentarios
Joaquin aún sigo siendo
Jue, 16/09/2010 - 12:28 — juan maya. envia tu e-mail (no verificado)Joaquin aún sigo siendo juan maya. He recibido tu carta donde me envias tus telefonos. Gracias por enviarme el resto que he leido con satisfacción. Tenogo ganas de darte un fuerte abrazo, hermano. Contarme de vosotros
Besos de los niños y de bea y mios.para vosotros. Juan..
Öle los gúenos artistas de
Vie, 25/03/2011 - 22:27 — Manuel Reyes Reyes (no verificado)Öle los gúenos artistas de la pluma -como lo eres tu,Joaquin-,que sabe y que siente arrastrarndo las uñas por el suelo -como los güenos toreros-pegando un lance a un toro con injundia gitanaTu con la pluma ante la cuartilla de papel.Me "pesquibela".
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Jue, 03/05/2012 - 04:19 — tn pas cher (no verificado)Nike TN Pas Cher
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Vie, 04/05/2012 - 05:42 — Anónimo (no verificado)beats by dre beats by dre
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