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Agustín Carrillo

Agenda Viva. Invierno 2008
Naturaleza

Razas autóctonas en peligro de extinción

La actividad humana a lo largo de los siglos modeló el medio natural a la medida de sus necesidades, transformando los sistemas naturales en agroecosistemas tradicionales de aprovechamiento del campo que ayudaron a su propia supervivencia, al mantenimiento de la diversidad biológica y a la aparición de variedades agrícolas y ganaderas perfectamente adaptadas al medio. Hasta mediados del pasado siglo, el medio natural de nuestro país  contaba con una fuerte presencia humana. La presión demográfica condicionó la ocupación de la totalidad del territorio y las entidades de población llegaron a ocupar zonas marginales de limitados recursos agrarios.

Esta dispersión poblacional, junto con la enorme variabilidad geológica, edáfica, climática y orográfica que presentaban los asentamientos humanos, propiciaron la aparición de numerosas razas domésticas autóctonas que aseguraron la aportación de alimentos (leche, carne, huevos); vestidos (lana, cuero) y sobre todo, la fuerza necesaria para la realización de las tareas agrícolas. A pesar de esta alta tasa de ocupación del medio rural, tanto humana como animal, el aprovechamiento de los recursos se hizo de manera tal que permitió el mantenimiento de los sistemas naturales, conteniendo el crecimiento arbustivo y logrando la limpieza de las superficies boscosas; todo ello, traducido en ausencia de incendios forestales y abundancia cinegética.

Pero esta situación cambia drásticamente a partir de los años cincuenta. La industrialización provoca fuertes movimientos migratorios dirigidos a las zonas urbanas y la producción animal se orienta hacia formas más intensivas para satisfacer las necesidades alimenticias de una población en continuo aumento. La mecanización del campo, junto con el desarrollo de la avicultura y porcinocultura industrial, la intensificación de las producciones de carne y leche en caprino, ovino y sobre todo vacuno, arrasaron en muy poco tiempo con la mayoría de las razas autóctonas, en un proceso generalizado que afectó a la totalidad del territorio.

En la actualidad, la práctica totalidad de las comunidades autónomas tienen alguna raza, cuando no varias, comprometidas en un proceso de desaparición; con unas poblaciones en estado crítico y censos mínimos que apenas aseguran su conservación y futura recuperación. En otros casos, desgraciadamente, tenemos que hablar de razas extintas, sin más posibilidades de acción que la memoria.

Las iniciativas en pro de la conservación y preservación de los recursos genéticos animales, que han ido surgiendo en los últimos años; amparadas en las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (F.A.O.), conceptúan la conservación, no como un hecho aislado, sino incluido en el amplio marco del mantenimiento de la biodiversidad y de su utilización para el desarrollo rural sostenible. A estos argumentos podemos añadir la importancia de sus producciones (carne, leche, lana, piel) que además de aportar a la sociedad unos productos de calidad diferenciada, suponen una opción de libertad para un consumidor abocado al consumo de productos cada vez más estandarizados.

Si perdemos nuestras razas autóctonas, estaremos perdiendo animales con bajas necesidades de mantenimiento, únicos para producir en determinadas zonas, capaces de aprovechar recursos de baja calidad, anatómicamente diseñados para acumular reservas  amoldándose  a épocas de penuria y de predecir la llegada de los fríos invernales con días de antelación. El patrimonio genético generado a lo largo de siglos se ha despilfarrado en apenas cuatro o cinco décadas que pueden comprometer la capacidad de futuras generaciones para enfrentarse a sus propias necesidades.

Mención aparte merece la pérdida del patrimonio cultural, usos y costumbres ancestrales, basados en la observación y la experiencia, que demostraron su eficacia en el mantenimiento de los sistemas silvo-pastoriles. Si las razas se extinguen, dejarán de tener sentido sus nombres: las vacas Casina, Sayaguesa, Monchina o Cachena; ovejas como la Ripollesa, Alcarreña o  Xalda;  cabras como la Verata, Pirenaica o Bermeya; caballos como el Asturcón, Losino o Marismeño; asnos como el Zamorano-Leonés; cerdos como el Gochu Celta, Euskal Txerría o Porco Celta, gallinas como la Pita Pinta, o Mos; perros como el Cá Me, Cá Rater o Can de Palleiro, serán solamente un recuerdo, una fotografía en una exposición retrospectiva o un objeto de museo etnográfico. Quizás entonces comprendamos el valor  de todo lo perdido.

Según el Catálogo oficial de razas de España:

  • Todas las razas asnales de españa, el 100%, se encuentran en peligro de extinción.
  • El 69,10% de todas las razas catalogadas de vacas, caballos, burros, ovejas, cabras, gallinas, ocas y cerdos están en peligro de extinguirse.
  • El 84,27% de las razas existentes en España son autóctonas.
     

Más información: www.federapes.com

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